Patrimonio industrial: vestigios de una inflexión histórica.

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Por Marco Fidel Suárez Bedoya

Definir el patrimonio industrial no es tarea sencilla pues los bienes potencialmente declarables como tal, podrían clasificarse, a la par y sin ningún problema, en cualquier otra categoría del patrimonio, como el arquitectónico, por ejemplo. Entonces, ¿Qué puede convertir un bien en patrimonio industrial? Quizás sea una respuesta demasiado simplista pero que nos puede ayudar a comprenderlo: dicho bien debe formar parte del contexto histórico de la Revolución Industrial que ocurre por allá a mediados del siglo XVIII en Europa pero que va llegando tímidamente a América Latina para hacerse notorio en el siglo XIX, incluso en el XX, y que revela un cambio sin precedentes en la sociedad, toda una transformación económica, social, tecnológica y, por supuesto, cultural, basada en el trabajo. Así pues, un acueducto prehispánico o un molino colonial no entran en esta categoría ya que pertenecen a un contexto histórico distinto, a una época, por mucho, anterior. En cambio, podríamos considerar patrimonio industrial La Fábrica de Loza Bogotana o el Ferrocarril de Antioquia, por mencionar solo dos ejemplos colombianos.

Cabe aclarar que no todos los recuerdos que tenemos de la época deben considerarse patrimonio industrial por el mero hecho de pertenecer a ella. Recordemos que el patrimonio es construcción social y, por tanto, dicho bien debe guardar una relación de importancia, interés, significado o identidad, para la comunidad humana en que se encuentra. Debe evidenciar una especie de legado. En el caso de los ejemplos citados, la Fábrica de Loza de Bogotá nos habla de cómo las élites de la época se propusieron introducir y dirigir prácticas sociales, habitacionales y laborales consideradas idóneas para el progreso de la ciudad (Therrien, 2008) y cómo este proceso cambió la vida del sector perfilando una herencia que hoy sigue presente; por su parte, el Ferrocarril de Antioquia nos habla de una línea férrea que, con la tecnología de la época, logró burlar una geografía demasiado escarpada y llevar desarrollo económico y social a la región, con sus pros y sus contras, marcando para siempre el orgullo de los antioqueños quienes se precian de ser personas pujantes. ¿Se puede hablar de Antioquia y de su gente sin hablar del Ferrocarril? Sinceramente no lo creo.

En este orden de ideas, el patrimonio industrial es digno de conservación porque es un vestigio que señala el punto exacto en que la historia del mundo se desvía completamente del rumbo que llevaba; un punto donde la tecnología se convierte en protagonista y los modos de relacionamiento entre los seres humanos, la economía, la cultura y la sociedad misma, se transforman y comienzan una evolución acelerada hacia el mundo que conocemos hoy; un punto donde el trabajo y la producción definen el sistema social e inician, también, su propia evolución hasta ser los elementos que hoy conocemos y vivimos. El patrimonio industrial más que un recuerdo es un punto de partida que nos habla del destino que un día elegimos y seguimos transformando. Es una imagen que nos cuenta lo que fuimos y nos propone un conjunto de reflexiones sobre hacia dónde queremos ir.

Surge entonces una pregunta que nos lleva al pensamiento más práctico: ¿Cómo conservar este tipo de patrimonio? Cada categoría patrimonial podrá tener unas formas específicas de conservación, pero algo seguro es que todo aquello que sea considerado como patrimonio empieza a ser protegido desde el momento en que tomamos consciencia de su importancia, así como de su relación con el entorno y con las comunidades. Hay quienes abogan por el turismo como forma de conservación (Fernández y Guzmán Ramos, 2004), y de manera especial para el patrimonio industrial, y ello es digno de aplauso, pues proponen una articulación del sector público y del sector privado para incorporar los bienes del patrimonio industrial a las rutas turísticas, haciendo énfasis en el papel educativo de esta actividad, en su dinámica impulsadora de beneficios socioeconómicos y en la necesidad de un desarrollo sostenible que salvaguarda la identidad, la historia y el legado de las comunidades humanas.

 

 

Referencias

Carreton, Adrián. (s.f). ¿Existe el patrimonio industrial? En Patrimonio Inteligente. [En línea]. Disponible en: https://patrimoniointeligente.com/exite-el-patrimonio-industrial/

Fernández, G. y Guzmán Ramos, A. (2004). Rutas turísticas a partir del patrimonio industrial. Nuevos productos en viejas estructuras. Turismo y Sociedad. 3, (nov. 2004). Pp. 40-52. Recuperado de: https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/tursoc/article/view/2223

Therrien, Mónika. (2008). Patrimonio y arqueología industrial: ¿investigación vs. protección? Políticas del patrimonio industrial en Colombia. En Apuntes, vol. 21, núm. 1. Pp. 44-61. Recuperado de: https://biblat.unam.mx/es/revista/apuntes-bogota/articulo/patrimonio-y-arqueologia-industrial-investigacion-vs-proteccion-politicas-del-patrimonio-industrial-en-colombia

 


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